Música para la Sixtina

Programa
Parte I
Prophetiae Sibyllarum

Orlando di Lasso (1532, 1594)

Prólogo: Carmina Chromatico
I
Sibylla Libyca
II
Sybilla Persica
III
Sibylla Delphica
IV
Sibylla Cimmeria
V
Sibylla Sabia
VI
Sibylla Cumana
VII
Sibylla Hellespontica
VIII
Sibylla Phrygia
IX
Sibylla Europaea
X
SibyllaTiburtina
XI
Sibylla Erythraea
XII

Sibylla Agrippa

Parte II
Introito: Statuit ei Dominus

Messe Vidi Turbam Magnam a 5v.

Gregorio Allegri (Roma, 1582 - Roma, 1652)

I

Kyrie

II

Gloria

III

Credo

IV

Sanctus

V
Benedictus
VI
Agnus Dei
Miserere Mei, Deus

Gregorio Allegri (Roma, 1582 - Roma, 1652)

 

notas al programa

En 2012 se cumplen 500 años desde que el “divino” Miguel Ángel Buonarroti terminara de pintar las prodigiosas imágenes que decoran la bóveda de la Capilla Sixtina. Realizados entre 1508 y 1512 durante el pontificado de Julio II, los frescos del artista florentino nos dan una idea precisa de lo que un ser humano es capaz de alcanzar.

Es indudable que el gran músico flamenco Orlando di Lasso (1532-1594) visitó la Capilla Sixtina durante sus estancias en Roma. Aunque sus Prophetiae Sibyllarum son, en buena parte, deudoras del esquema propuesto por Pinturicchio en el cercano apartamento de los Borgia, no podemos negar que su música está mucho más próxima a las poderosas imágenes de las sibilas de Miguel Ángel, plenas del dinamismo y la humanidad que caracterizan la obra del compositor. También porque en ambas Sibilas encontramos de una forma nítida el genuino espíritu del Renacimiento, una fusión del paganismo clásico y el cristianismo, del clasicismo grecorromano y de la edad de oro espiritual que llega con el Mesías.

Esto último es lo que nos revelan las profecías de las sibilas, en cuyos textos, para subrayar su impronta clásica, discurre semioculta la célebre Bucólica IV de Virgilio, el poeta que inaugura el Renacimiento acompañando a Dante en su Divina Comedia.

Musas Sicélides, cosas un poco mayores cantemos.
No a todos causan placer las florestas y bajos tarayes.
Si es que a los bosques cantamos, que sean dignos de un cónsul.
Vino por fin del poema de Cumas la edad culminante,
larga cadena de siglos emerge en un nuevo comienzo;
vuelve la Virgen de nuevo y de nuevo el imperio saturnio,
ya descendencia novel desde el cielo elevado nos mandan.
Tú al niño apenas nacido (con quien la raza de hierro
comenzará a declinar, mientras surge la de oro doquiera),
casta Lucina, socorre. Tu Apolo es ya quien gobierna

Los antiguos oráculos sibilinos judíos fueron incorporados a la tradición cristiana ya desde el siglo III. En la Edad Media se hicieron célebres representaciones de los mismos, como el Canto de la Sibila , y en el Renacimiento se parafrasearon con libertad. El texto que utiliza Lasso (de un poeta anónimo o del propio Lasso) se compone de un prólogo y doce cantos, que se corresponden con las doce sibilas. El simbolismo esotérico y lo hermético, tan propios del Renacimiento (muy presentes, por ejemplo, en la bóveda de la Sixtina), se nos muestran en este número doce y en general en toda la pieza de Lasso, que comienza con un insólito prólogo (toda una declaración de intenciones) que contiene las doce notas de la escala cromática. Este cromatismo, tan exuberante como el que exhibe Miguel Ángel en sus sibilas (y en todos los frescos de la Capilla), se puede entender igualmente como la expresión de ese esoterismo, de lo secreto, del arcano que nos está siendo revelado a través de las intrepida ora de las sibilas, tal y como nos advierte el texto en su introducción. Por este motivo algunos consideran esta música como musica reservata , por su carácter oscuro y reservado sólo a unos pocos conocedores. Además de esto, Lasso utiliza el cromatismo como un recurso más para ilustrar con detalle el texto, una de las características fundamentales de su obra. La música está al servicio de la palabra, y para ello, el compositor flamenco emplea todas las posibilidades expresivas de que dispone. Siguiendo la tradición del madrigal renacentista, transforma sus notas en verdadera “palabra pintada”: las palabras se convierten en imágenes y éstas en una música que, como mínimo, nos conmueve.

Publicadas en 1600 las Prophetiae Sybillarum fueron escritas por Orlando di Lasso en torno a 1560, cuando Miguel Ángel aún vivía. Constituyen una de las piezas más singulares de este gran músico y de una época, el Renacimiento, que produjo algunas de las creaciones artísticas más relevantes de la historia de la humanidad.

Eduardo Pulla Ortega

Gregorio Allegri, cantor y músico en la Capilla Sixtina

Decía Dostoievski que “la humanidad no puede vivir sin la belleza” y esta frase del famoso escritor queda patente en el conjunto místico que forma la Capilla Sixtina (construida en la época del papa Sixto IV , entre los años 1471 y 1484 ) no sólo por su arquitectura, decoración y pinturas al fresco, si no por otros elementos como la música y los músicos que la han rodeado, provocando una admiración universal que no ha dejado de crecer a lo largo de los tiempos.

La música siempre ha estado ligada a la actividad litúrgica, ceremonial y contemplativa de diferentes instituciones eclesiásticas (catedrales, iglesias, monasterios,…) siendo además los músicos, compositores y cantores relacionados con esta capilla y el pontificio vaticano los más envidiados por su cercanía a la figura papal y la celebración de las ceremonias más emblemáticas de la iglesia.

De entre los compositores e intérpretes célebres de música relacionados con la capilla a lo largo de su historia, es sin duda Gregorio Allegri aquél del que se conoce menos la música. Otros como Palestrina, han sido más reconocidos en su labor compositiva y de relación con la Sixtina , a pesar de ser más breve su paso por ella.

Pero ¿quién fue Gregorio Allegri? Nacido y muerto en Roma (1582-1652), fue un sacerdote que dedicó su vida a la interpretación y composición de música sacra, primero como niño cantor en la iglesia de San Luis de los Franceses (Roma) y tras su cambio de tesitura vocal (de soprano a tenor alto) como miembro de diversos coros, entre ellos el de la Capilla Papal , del que formó parte hasta su fallecimiento. Además de su faceta como cantante fue un destacado compositor, tanto de obras de estilo barroco temprano como de música polifónica en la más pura tradición renacentista, en la que se inscribe su celebre Miserere . Allegri había estudiado música con Giovanni Maria Nanino, íntimo amigo de Palestrina, por lo que hay un nexo de unión entre las obras de ambos.

Toda la obra conocida de Allegri, aparte de un volumen de "Concertini" publicado en 1619, está destinada a la Iglesia. Tras publicar un libro de motetes en 1619, Allegri proporcionará regularmente piezas de este tipo a los editores de antologías colectivas de la época hasta 1639. Estos pequeños motetes, cuyos efectivos varían de dos a cinco voces acompañadas de bajo continuo, están escritos en el estilo barroco que se llama "seconda prattica" o “stilo moderno”, por oposición a la "prima prattica" o “stilo antico”, que caracteriza el lenguaje musical que se impondrá también en la música sacra, culminada por grandes compositores italianos de la época como Claudio Monteverdi o Alessandro Grandi.

Para el servicio litúrgico de la capilla pontificia, en la que no se admiten instrumentos, ni siquiera el órgano, Allegri escribió varias misas para cinco, seis y ocho voces, himnos para las vísperas, Lamentaciones, para los oficios de la semana santa, y su famoso Miserere.

La misa "Vidi turbam magnam" escrita para seis voces se conserva en la colección de música impresa de la capilla pontificia (Fondo Capella Sistina de la biblioteca vaticana). Esta obra se presenta como un excelente ejemplo de la manera en que los músicos del siglo XVII interpretaban el "stile antico", dado que los modos antiguos tendían a desaparecer para dar lugar a tonalidades y formas compositivas más modernas. En esta misa el contrapunto se hace más discreto y el compositor prefiere jugar con los efectos puramente sonoros, con oposiciones entre las voces agudas y las graves, movimientos paralelos entre dos voces, contrastes entre "tutti" y pequeños grupos de dos o tres voces. En el marco tradicional de esta misa, dentro de la clase de misa polifónica, Allegri incorpora además muchos elementos que participan de la "seconda practica", sin abandonar la intención compositiva e interpretativa de la “prima practica”.

La capilla pontificia ha seguido cantando estas misas hasta finales del siglo XVIII, y sin duda las ha reutilizado a partir de 1815, fecha que marca el final del paréntesis napoleónico en Roma.

José Ramón del Barrio